Temporada 2011
Espectáculos Líricos
Conciertos de Cámara
La Poesía en la Musica
Coral Ensamble
Cursos y Seminarios
Óperas
Sinfónico Corales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ELENCO

ADINA: Liliana Cortiñas
NEMORINO: Lucas Werenkraut
BELCORE: Esteban Miotto
DULCAMARA: Enzo Romano Martín
GIANNETTA: Gilda Rodríguez

Pianista: IVANA RABELLINO
Dirección Musical: GUSTAVO CODINA

CORAL ENSAMBLE

Sopranos: Lucía Codina García, Marina Gabrieli, Florencia Gallegos, Lucila Mosquera, Mariana Müller, Denise Pertusi, Gabriela Rubio, Mariana Santoro, Graciela Solá, María Teresa Sosa.

Mezzos: Gabriela Aufgang, Leticia Bystrowicz, Celeste Cassese, Cecilia Gazzola, Edna Gorín, María de la Luz Norbis, Gabriela Mayoni, Leila Ongaro, Gilda Rodríguez, Gisele Torres.

Tenores: Lucas Córdoba, Sergio Herrera, Matías Klemm, Alejandro Kuzminin, Diego Ramundo, Carlos Romero, Gonzalo Sentana, Javier Suárez.

Bajos: Angel Buffoni, Mauro Galeppi, Alfredo González Reig, Rodolfo Helas, Jose Mulhall, Pablo De Nicotti, Marcelo Rey, Norberto Salvucci.

Preparación Musical del Coro y Dirección Musical: GUSTAVO CODINA
Puesta en Escena: MARGA NIEC
Diseño y Realización de Escenografía:
José Andrukowicz y Alumnos del Instituto Saulo Benavente
Asesoramiento en Vestuario: Teresa Cucchi
Producción General: ENSAMBLE LÍRICO ORQUESTAL
Asistente de Producción: Cecilia Layseca

ARGUMENTO

La acción se desarrolla en una aldea de la región vascongada. Bajo los árboles descansan muchachas y segadores. Adina lee a los presentes la historia de Tristán. Nemorino, joven y tímido, enamorado de Adina, suspira. Ella no presta oídos, pues es inconstante, caprichosa y prefiere los galanteos del presuntuoso Belcore.

Entretanto llega al lugar el doctor Dulcamara, un auténtico charlatán, que por una modesta suma pone remedio a todos los males. Restituye el vigor juvenil a los viejos y procura amor a los jóvenes. Nemorino, recordando la historia de Tristán, pide al doctor un elixir y éste le garantiza que por su efecto, Adina caerá a sus pies en un máximo de veinticuatro horas (el tiempo suficiente para que el doctor pueda salir del pueblo).

Adina, por otro lado, acepta el cortejo de Belcore y su proposición de matrimonio. Todos quedan invitados a la fiesta de la boda. Sumido de nuevo en la desesperación, Nemorino suplica a Adina que espere veinticuatro horas, pero ella se muestra inconmovible. Nemorino recurre entonces a Dulcamara para preguntarle que hay que hacer para hacerse amar súbitamente. Muy sencillo: otra botella de elixir, responde Dulcamara, pero Nemorino no tiene más dinero para procurársela. Acepta entonces la propuesta que le hace Belcore y por veinte escudos se enrola en el ejército, comprando con ellos la segunda botella del elixir mágico.

Entretanto ha corrido en el pueblo la noticia de una rica herencia que el tío de Nemorino le ha dejado al morir. Él no sabe nada, pero todas las mozas del pueblo lo rodean y lo cortejan. En ese instante estallan los celos de Adina, que se da cuenta que está realmente enamorada de Nemorino. La trama entra así en vías de un final feliz.

Nemorino, ahora es rico y libre, luego que Adina comprara su libertad para que no estuviera obligado a ingresar en el ejército. La pareja se une en un inquebrantable romance ante la desesperación de Belcore. Por su parte Dulcamara deja el pueblo en forma triunfante y haciendo un elogio sin par del elixir por él producido.

EL ELIXIR DE AMOR de Gaetano Donizetti
Comentario del Prof. Carlos Alberto Alonso


Con el “Elixir de Amor”, Gaetano Donizetti ofrecía su primera y perfecta obra maestra del género jocoso o bufo y conquistaba el derecho a sentarse al lado de Rossini, con una personalidad propia y distinta, representando así esta obra la nota más saliente de ese género de la primera parte del siglo XIX.
La empresa del teatro de la Cannobiana, el mayor teatro de Milán después de la Scala, estaba en apuros por haber faltado a su palabra un compositor que debía presentar una ópera nueva en aquel escenario. Sólo quedaban dos semanas para buscar una solución.
En primera instancia, Alessandro Lanari -director del teatro- había sugerido que Donizetti meramente revisara un viejo trabajo, quizás uno desconocido para el público milanés. “¿Está burlándose de mi?”, le respondió Donizetti. ”No es mi costumbre emparchar mis obras o las de otro, jamás! Pero, espere y verá si poseo o no coraje como para crear una ópera totalmente nueva en catorce días.”

Para esta ocasión, Felici Romani improvisa los versos y Donizetti, la música. Nace lleno de vida, fresco ceñido, con su carácter sutil y patético, en un armonioso marco idílico y con un sabor deliciosamente campestre y bucólico. La primera representación tuvo lugar el 12 de Mayo de 1832, en el teatro milanés La Cannobiana. El éxito fue rotundo ya que la obra fue dada en 33 oportunidades en Milán lo que explica en parte el caballerezco homenaje que Donizetti hace a las damas de esa ciudad, dedicándoles la obra.

Esta Ópera tiene un curioso aspecto de caricatura casi moderna, mejor de hechicería caricaturesca, que hace pensar en el surrealismo mágico de nuestros días. Retrata Donizzetti el aire belicoso del sargento, y el dulce perfume de los segadores cantarines Es admirable la caracterización del personaje Dulcamara, que es bueno y que se hace querer. Hasta Nemorino, ingenuo le pide el filtro amoroso para que todas las mujeres suspiren por él y para poder conquistar a la bella, pero cruel Adina.

No hay una página de la partitura que no seduzca, divierta o conmueva: ya sea la lecturade Adina, tan bonitamente puntuada por los coros; la entrada llena de suficiencia de Belcore; el gracioso reclamo del charlatán Dulcamara; el dúo tan finamente irónico en que Adina se ríe de Nemorino; el deslumbrante final del primer acto; la barcarola a dos voces de Adina y Dulcamara; la romanza tan justamente célebre de Nemorino y el dúo de un sentimiento exquisito que reconcilia a los amantes.

Todo esto es un juego atractivo para la fantasía musical de Donizetti, que se prodiga copiosamente, variada, chispeante, pero que no olvida la vena romántica congénita que tan bien expresa en “Una furtiva lágrima”, que en un principio Romani la quiso desechar porque consideraba que detenía la acción…!